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miércoles, 9 de marzo de 2011

Los amores de verano terminan por todo tipo de razones, pero al fin y al cabo todos tienen algo en común: son estrellas fugaces. Un espectacular momento de luz celestial, una efímera luz de la eternidad que en un instante se va.


Hay muchas formas de quererse, ¿sabes? Pero la suya era... total. Un amor puro, increíble, alucinante. Un amor especial como hay pocos. Y ellos lo sabían. Todos los enamorados del mundo creen que su amor es único y distinto, pero el de ellos si lo era. Estaban hechos el uno para el otro, se tenían y deseaban fundirse en uno solo, cuando estaban juntos el tiempo se aceleraba, y cuando estaban separados se hacía eterno. Cada beso, cada caricia, era un puro sentimiento desnudo. Podían pasarse horas mirándose a los ojos y nada más, pero cuando se acariciaban, se besaban... entonces... no hay palabras para describir esa emoción.




¡Di que soy un pájaro!
No.
¡Vamos dilo!
Eres un pájaro.

Bien, ahora di que tú también lo eres.
Si tú eres un pájaro yo también.




—¿Por qué no me escribiste? ¡Te esperé durante 7 años! ¡Y ahora ya es tarde!
—¡Te escribí 365 cartas! Una carta cada día durante un año!
— ¿Me escribiste?
— Sí. Lo nuestro no había acabado. ¡No ha acabado!

 
 Queridísima Ali:

Anoche no pude dormir pensando que habíamos terminado. He dejado de amargarme porque sé que lo que tuvimos fue real. Y si en algun lugar, en un futuro lejanos, nos reencontramos en nuestras nuevas vidas, te sonreiré con alegría y recordaré como pasamos el verano entre los árboles, aprendiendo el uno del otro y creciendo en el amor.
El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma y nos hace aspirar a más. Nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que tú me has dado y lo que yo esperaba darte siempre.

Te quiero Noa.

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